PAISAJES Y GENTES DEL MARGEN ORIENTAL DE LA MANCHA. MUNICIPIO DE CASAS IBAÑEZ Y SU COMARCA (LA MANCHUELA) ALGUNAS REFLEXIONES DE CARACTER SOCIO-POLÍTICO. GEOGRAFÍA E HISTORIA.

lunes, 28 de septiembre de 2009

TEMPORADA DE EXCURSIONES


Cabecera de los Campos de Hernán Perea desde la cumbre del Banderillas, a 1993m de altitud. Se ven hacia el Norte el Almorchón y el Calar de Las Palomas, otros dos gigantes de La Sierra. Semana Santa de 2007.
Hablar en este Blog ibañés de montañas tan genuinas y bravas como las que dan a luz los grandes ríos del Sur peninsular (Guadalquivir, Segura y Guadiana Menor) requiere, pienso, cierta explicación. Son tierras lejanas y diferentes: pues tras esta barrera de bosques y montañas la depresión natural que engendra Andalucía comienza su larga andadura hacia el Atlántico. El largo viaje hacia el corazón de Cazorla-Segura nos lleva a través de 250km de territorio por el libro abierto de la geografía aplicada. Llanuras, altiplanos, montes, ríos, amplísimas vegas donde ese extiende el olivar... Y el encanto de esos pueblos andaluces que ven, estáticos, con inventerada resignación el feroz paso de los días.
Casas Ibáñez ocupa una posición marginal dentro de la radicalmente homogénea unidad geográfica de La Mancha. Esto, para los coleccionistas de paisajes, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre las primeras se encuentra el hecho de que se trata una tierra de frontera. Las excelencias del monte valenciano y la inmensidad esteparia se dan la mano creando paisajes de discreta belleza a través de los valles fluviales del Júcar y el Cabriel. Desde luego, un terreno idóneo para la aventura: senderismo, bici de montaña, kayak... Y siempre la posibilidad de encontrarse con parajes de relativa espectacularidad: tollos, cascadas, reductos forestales primigenios, peñascos inescalados, farallones, ruinas, presas abandonadas... El incoveniente con respecto a las grandes montañas del Suroeste (Alcaraz-Segura-Cazorla) es la gran distancia que nos separa de ellas. La necesidad de cruzar de cabo a rabo la uniforme llanura antes de entrar en el mágico territorio de la montaña. Sin embargo, puede que este mismo incoveniente sea algo meramente subjetivo a merced de las prisas y los agobios de la vida moderna. ¿No acabo de decir que el viaje hacia las lejanas tierras de Andalucía es una bonita lección de geografía aplicada? Recorrer la Llanura coleccionando esos panoramas de fondos infinitos es como navegar por el mar..., siempre a la espera de la tierra de promisión, la isla transmutada en montaña que es justo hacia donde dirigimos nuestro sueño.

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