PAISAJES Y GENTES DEL MARGEN ORIENTAL DE LA MANCHA. MUNICIPIO DE CASAS IBAÑEZ Y SU COMARCA (LA MANCHUELA) ALGUNAS REFLEXIONES DE CARACTER SOCIO-POLÍTICO. GEOGRAFÍA E HISTORIA.

jueves, 31 de diciembre de 2009

DICIEMBRE Y SU ARCO DE BORRASCAS



CERRO DE SAN JORGE HACIA ALBOREA Y LA SIERRA DE MARTÉS

El día 15 de Diciembre amaneció sorprendiéndonos con esta estampa decididamente ártica. (No se cómo se lo habrán tomado los nuevos profetas-milenaristas del clima; seguramente mal. Cuando la inveterada costumbre de los inviernos esteparios te arroja a la cara esta tozuda regularidad siberiana, que después de dos meses-quizá más-de heladas brutales, viento y, sí, la misma escasa y preciosa lluvia de siempre, te hace añorar el tórrido verano, esos modelos trucados que vaticinan el apocalipsis laico se ponen fastidiosamente en evidencia.) Lo anunciaron, días atrás, los meteorólogos y el 14 comenzó la gran nevada. A las 16.00h tuve la suerte de contar con la generosidad de mis jefes y pude iniciar viaje de regreso (101km de ruta por la estepa inclemente) a través de un paisaje nada tranquilizador. Entre Almansa y Ayora me atrapó el corazón de la borrasca de nieve, y unos copos enormes empezaron a cubrir la carretera (el campo, a mi alrededor, ya lo estaba). De modo que a no más de 80km/h pude llegar a la segunda de las localidades. De ahí hasta Alcalá del Júcar, un infierno de carretera helada y desaparecida bajo dos palmos de nieve, me llevó, siguiendo la peligrosa, aunque fascinante, umbría de La Hunde y Carcelén, hasta el cruce de Alatoz: pude respirar tranquilo al verme ya cerca de casa. Más de una vez pensé que, a 30km/h, no me hacía con el control del vehículo...

           Este día de la estampa (el 15) salí bajo un sol radiante y a -5ºC a dar un pequeño paseo por el camino del Pocico Salado hacia la cima del otero que hemos tenido la suerte, aquí en Casas Ibáñez, de tener cerca. Un rincón para la aventura-o para planificar algunas de ellas-en este olvidado, remoto y culturalmente inerme rincón de la llanura esteparia Manchega.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL SIGNO DE LOS TIEMPOS (I)

Es la primera vez que no encuentro una imagen apropiada que acompañe coherentemente al texto. Podría poner un desierto de cenizas sobre el que, medio enterrado en una colina, alguien observara  con ojos incrédulos lo que ve a su alrededor: abandono, desidia, pasotismo, suciedad, mediocridad, fracaso, incertidumbre, latrocinio inveterado sobre todo recurso público... Pero podría ser, igualmente, una imagen más real aunque decididamente más prosaica: un montón de desperdicios producto de una "fiesta" en un paraje natural. Fue esto mismo lo que impulsó hace unos días el sentido (y el tono) de lo que voy a escribir a continuación. He de confesar que la prudencia me ha aconsejado mantenerme callado-por no herir los sentimientos de tanta gente buena que conozco-, sin embargo, enemigo de la moderación cuando no sirve para nada, creo que es mi deber reflexionar un rato sobre la imagen de fracaso inminente que esta sociedad nos pone, con sus señales diarias, delante de los ojos. Casas Ibáñez no es más que un ejemplo de laboratorio socio-político de lo que pasa a nivel de país, así como España es otro ejemplo de lo que pasa a nivel mundial. Llevado de justa indignación no me quedó más remedio que concluir que 30 (o 31) años de educación progresista (incluidos los 8 años de gobierno del PP, que no fue un interludio en lo que al sistema educativo se refiere) han sido un rotundo, evidente y penoso fracaso. Mucho me temo que la última generación que estudiamos el EGB, seamos la última, igualmente, donde todavía queda gente no ya sólo poseedora de cierta cultura, sino también de cierta sensibilidad hacia nuestros semejantes y nuestro entorno. Se trata de puro y duro empirismo... Una constatación de laboratorio, como dije antes: en la época del ultra publicitado cambio climático, del ecoligismo político y chic, del progresismo como antídoto para todo aquello que los progres dicen que es malo; en la época de los ministerios y concejalías de medio ambiente, no hay más que salir un poco por el campo y ver los desmanes criminales que se producen: pinares arruinados por la suciedad, barrancos a donde se arrojan todo tipo de electrodomésticos inservibles, parajes de singular belleza tomados al asalto por la turbamulta del botellón... y un largo etc. sobre el que los responsables públicos (autoridades y políticos) sienten un terror cerval cuando se trata de actuar. ¿Merma de votos por medidas impopulares? Posiblemente. Mientras tanto, un ejército de empleados agradecidos pulula a la sombra del poder a la espera de alguna migaja que el prócer de turno tenga a bien dejarles en el festín diario que significa el control de la gestión de los recursos públicos. No hay honor, ni compromiso ni competencia: el pueblo, como el campo, sigue hundiéndose en el cenagal de la desidia: mierdas de perro por todas partes, parques abandonados y piojosos, vándalos de toda laya imponiendo su ley y destrozando el mobiliario urbano, políticos en exclusiva entregados a su promoción personal en lejanas capitales...