PAISAJES Y GENTES DEL MARGEN ORIENTAL DE LA MANCHA. MUNICIPIO DE CASAS IBAÑEZ Y SU COMARCA (LA MANCHUELA) ALGUNAS REFLEXIONES DE CARACTER SOCIO-POLÍTICO. GEOGRAFÍA E HISTORIA.

martes, 22 de septiembre de 2009

LAS LLUVIAS DEL FINAL DE VENDIMIA

También aquí, cuelgo una foto del Otoño pasado. Llovió tanto y tan seguido que para el mes de Diciembre las estaciones meteorológicas locales habían registrado ya unos 400mm de lluvia; es decir, la cantidad normal de un año hidrológico (de Octubre a Septiembre del año siguiente). De manera que ya el primer mes de lluvias se formaron estas lagunas que véis, un km más allá, en dirección Este, del pinar de la Calera, ya en término de Alborea; población que se puede observar en la foto. Corre por esta vaguada la estrecha línea de carrizos del Arroyo de La Cañada, otrora un regato de aguas permanentes que nacía en medio del campo, al Oeste de Casas Ibáñez. Hoy es únicamente alimentado por las aguas sobrantes-y espero, tratadas-de la depuradora y, lo he podido observar, algún afloramiento intermitente del nivel freático de las aguas subterráneas.
Este Otoño apunta las maneras del anterior. Después de un verano excepcionalmente tórrido y seco-creo que no ha caido una sola gota en tres meses-es ahora a mitad de vendimia cuando han comenzado a pasar las tormentas en sus predecibles viajes siguiendo el curso de los ríos Júcar y Cabriel. Los cúmulo-nimbos que ferozmente se forman entre las Sierras de Alcaraz y Albacete terminan, empujados por el viento, descargando su aparato y su paciente cosecha de humedad concentrada sobre la arrasada faz del altiplano. Otros días, se forman en el Nordeste; sobre Requena y los montes de Utiel. Aunque estas son más peligrosas, pues suelen degenerar en granizadas destructoras...
Son los últimos días de Septiembre y la vendimia está a punto de terminar. Comenzó aquí antes de la Feria de Albacete y, con las lluvias y el frío nocturno, el paisaje se ha transformado ya en puro y genuino Otoño. De hecho, ayer mismo, días 21, entró oficialmente la nueva estación. Ya no ardo y me fatigo en la insoportable sequedad pulverolenta de los caminos cuando salgo a correr. Ahora me puedo permitir el lujo de concentrarme en el paisaje y de respirar el airefresco y húmedo que huele a vino y al tomillo de las colinas de la vaguada. En verdad ha sido un verano terrible.

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